miércoles 7 de enero de 2009

La Cuestion Palestina /1 (Origenes del conflicto)

Durante varios siglos, el pueblo judío vivió dividido en varios países del mundo, especialmente en Europa, en lo que se conoce por Diáspora. La convivencia de éstos con el resto de europeos no siempre fue fácil, las persecuciones y pogroms especialmente en la Europa del Este a finales del siglo XIX fueron determinantes para la aparición y auge del sionismo político, que reclamaba un Estado propio para todas las comunidades judías dispersas por el mundo.
El conflicto israelo-palestino es uno de los más complejos del escenario internacional y la principal clave de la inestabilidad en Oriente Medio. El territorio conocido como Palestina es motivo de una disputa desde hace casi un siglo, y especialmente a raíz de la creación del Estado de Israel en 1948 y el abortado nacimiento del Estado árabe palestino.

En este conflicto se conjugan elementos diversos. Nació como la disputa por un territorio entre dos movimientos nacionales con diferentes proyectos nacionales; provocó la intromisión de las potencias durante la Guerra Fría; con el tiempo implicó a otros actores regionales, ocasionando conflictos bélicos, y se complicó aún más al entremezclarse ideologías, religión, control de los recursos naturales…

A lo largo de los años se han enfrentado principalmente dos fuerzas desiguales: el Estado de Israel y un movimiento de liberación nacional, encarnado desde hace 30 años en la Organización para la Liberación de Palestina. Esta desigualdad ha permitido que Israel ocupase el territorio susceptible de ser la base del Estado palestino y mantuviera bajo control militar a la población árabe autóctona conculcando sus derechos fundamentales. La ocupación de Cisjordania y Gaza le ha valido a Israel la condena de la comunidad internacional, aunque ésta haya sido incapaz de imponer sus resoluciones.
Desde finales del siglo XIX, en las provincias árabes del Imperio otomano se fueron desarrollando movimientos nacionalistas que reivindicaban la autodeterminación de la población autóctona haciendo valer su identidad árabe. A pesar de ser un movimiento eminentemente laico, el sionismo vio en Palestina, tierra donde se fundó el judaismo, el lugar ideal para realizar su proyecto nacional. Desde principios de siglo, este movimiento propició la instalación de judíos europeos en ese territorio todavía bajo administración otomana. Esta inmigración tomó envergadura bajo el Mandato Británico entre 1920 y 1948 (el sistema de mandatos fue establecido por la Sociedad de Naciones en las colonias de las potencias derrotadas en la Primera Guerra Mundial; debía prepararlas para la independencia).

Mientras que otras provincias otomanas fueron alcanzando paulatinamente su independencia, la disputada Palestina siguió bajo control colonial. Los dos proyectos nacionales, el árabe palestino y el sionista, chocaron cuando la comunidad judía inmigrada, aunque minoritaria, tomó envergadura y amplió sus propiedades siguiendo planes de control territorial. Su proyecto estatal se hizo claro cuando el yichuv, la comunidad judía en Palestina, fue creando instituciones autónomas a modo de un protoestado judío y desarrollando prácticas excluyentes y discriminatorias respecto a los árabes. Poco a poco fue creciendo una espiral de violencia entre árabes y judíos sionistas (entre 1936 y 1939 tuvieron lugar importantes revueltas árabes) lo que llevó a barajar la partición del territorio. Tras la segunda Guerra Mundial y ante la inminente retirada británica las Naciones Unidas (resolución 181, noviembre 1947) propusieron formalmente la partición del territorio y la creación de dos Estados, uno árabe palestino y otro judío. Este plan fue rechazado por los árabes pues legalizaba, a sus ojos, los planes y las colonias establecidas por los sionistas.
Durante los años 20 el número de judíos en Palestina se incrementó notoriamente: en 1922 su número era de 83.790 sobre una población total de 752.048; en 1929 había 156.481 en una población total de 992.559, duplicando su población en siete años. La inmigración judía se canalizaba a través de la Organización Sionista Mundial, cuya figura principal era Jaim Weizmann, y vinculada con la Agencia Judía para Palestina, que ejercía como un gobierno para los judíos de Palestina, comprando tierra y construyendo escuelas y hospitales. La principal figura de la organización hacia la mitad de los años treinta era Daveid Ben Gurion. La filosofía de Ben Gurión y sus colegas era la de construir Sión, forjando una nación judía. Los árabes no poseían instituciones similares a las que los judíos estaban desarrollando, debido al feudalismo que aún existía y que permitía a los clanes más poderosos dominar a la mayoría de la población, destacando los continuos enfrentamientos entre los Husseinis y Nashashibis.
Palestina estuvo relativamente tranquila entre 1922 y 1928, momento en que se desató la violencia en Palestina en forma de enfrentamientos entre árabes y judíos y entre los propios árabes en la Barrera Oeste de Jerusalén. En agosto de 1929 estos enfrentamientos se saldaron con la Matanza de Hebrón, de Safed y de otras comunidades judías palestinas en 1929. El resultado de estos incidentes fue la muerte de 133 judíos y 116 árabes: dos comisiones británicas, bajo el mando de Walter Shaw y John Hope-Simpson, intentaron redefinir la política británica en Palestina, identificando el miedo de los árabes ante la inmigración y la compra de tierras por parte judía como principal causa de las dificultades entre ambas comunidades. La recomendación de Hope-Simpson de que las características del territorio sólo admitirían 20.000 inmigrantes judíos más, provocó el rechazo de los sionistas. Sin embargo, en febrero de 1931, el Primer Ministro británico Ramsay MacDonald escribió a Weizmann indicándole que su gobierno no tenía intención de prohibir la inmigración judía, debido principalmente a que la situación en Palestina parecía haberse calmado nuevamente. Sin embargo, esta calma relativa no duraría mucho tiempo: el desarrollo político europeo cambiaría por completo el conflicto árabe-israelí. El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler llegó al poder en Alemania y en marzo ya había asegurado su dictadura.
El incremento del antisemitismo en Alemania y Rumanía hizo que un gran número de judíos se marchara de Europa, teniendo a Palestina como única opción debido a las restricciones inmigratorias de los Estados Unidos. En 1936, la población judía se había incrementado hasta los 370.483 sobre una población total de 1.336.518. La reacción árabe contra lo que ellos consideraban una transformación desagradable del país fue la Revuelta Árabe, que empezó el 15 de abril de 1936 con el asesinato de un judío cerca de Nablús. La escala de la revuelta dio lugar a un despliegue importante de fuerzas británicas, así como a la simpatía oficial de éstas en la Haganá, la fuerza defensiva de la Agencia Judía.
Hacia finales de 1937, los británicos empezaron a abandonar su apoyo a la idea del hogar judío y a la partición del Mandato puesto que buscaban asegurarse la simpatía árabe en la situación prébelica que preludiaba la Segunda Guerra Mundial. Una nueva declaración, conocido como Libro Blanco, fue patrocinado por Malcolm MacDonald, ministro británico de Colonias, que supuso un giro completo de la política británica en Palestina y el fin de su compromiso con los judíos iniciado dos décadas antes mediante la Declaración Balfour. El Libro Blanco fue publicado semanas antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial y establecía que en el plazo de diez años Palestina se convertiría en un solo Estado independiente gobernada en común por árabes y judíos. Según el nuevo plan, la inmigración judía se limitaría a 75.000 personas en los siguientes cinco años y con el previo consentimiento árabe (lo que en la práctica suponía el cierre a la inmigración legal en vísperas del inicio de la guerra), de modo que los judíos mantuviesen siempre un estatus minoritario.

A pesar de que muchos árabes se dieron cuenta de que la nueva declaración favorecía en gran medida sus aspiraciones, el gobierno egipcio y algunos de los principales líderes palestinos como el exiliado Amin al-Husayni la rechazaron por considerarla insuficiente. La alianza del líder palestino con el Tercer Reich, que incluyó el reclutamiento de una división de musulmanes bosnios para las SS, dañarían de manera incalculable la causa palestina, al asociarla con el régimen nazi.

viernes 28 de noviembre de 2008

Manco Inca

1536, Machu Picchu.

Harto de ser rey tratado como perro, Manco Inca se laza contra los hombres de cara peluda. En el trono vacío, Pizarro instala a Paullo, hermano de Manco Inca y de Atahualpa y de Huáscar.

De a caballo, a la cabeza de un gran ejército, Manco Inca pone sitio al Cuzco. Arden las hogueras en torno a la ciudad y llueven, incesantes, las flechas de yesca encendida, pero más castiga el hambre a los sitiadores que a los sitiados y las tropas de Manco Inca se retiran, al cabo de medio año, entre alaridos que parten la tierra.

El Inca atraviesa el valle del río Urubamba y emerge entre los altos picos de niebla. La escalinata de piedra lo conduce a la morada secreta de las cumbres. Protegida por parapetos y torreones, la fortaleza de Machu Picchu reina más allá del mundo.

Motolinía.

1536, Ciudad de México.

Fray Toribio de Motolinía camina, descalzo, cerro arriba. Va cargando una pesada bolsa a la espalda.

Motilinía llaman, en letanía del lugar, al que es pobre o afligido, y él viste todavía el hábito remendado y haraposo que le dio nombre hace años, cuando llegó caminando, descalzo como ahora desde el puerto de Veracruz.

Se detiene en lo alto de la ladera. A sus pies, se extiende la inmensa laguna y en ella resplandece la ciudad de México. Motolinía se pasa la mano por la frente, respira hondo y clava en tierra, una tras otra, diez cruces toscas, ramas atadas con cordel, y mientras las clava las va ofreciendo.

- Ésta cruz, Dios mío, por las pestes que aquí no se conocían y con tanta saña se ceban en los naturales.

-Ésta es por la guerra y ésta por el hambre, que tantos indios han matado como gotas hay en la mar y granos en la arena.

-Ésta por los recaudadores de tribus, zánganos que comen la miel de los indios; y ésta por los tributos, que para cumplir con ellos han de vender los indios sus hijos y sus tierras.

-Ésta por las minas de oro, que tanto hieden a muerto que a una legua no se puede pasar.

-Ésta por la gran ciudad de México, alzada sobre las ruinas de Tenochtitlán, y por los que a cuestas trajeron vigas y piedras para construirla, cantando y gritando noche y día, hasta morir extenuados o aplastados por los derrumbamientos.

-Ésta por los esclavos que desde todas las comarcas han sido arrastrados hacia esta ciudad, como manadas de bestias, marcados en el rostro; y ésta por los que caen en los caminos llevando las grandes cargas de mantenimientos a las minas.

-Y ésta, Señor, por los continuos conflictos y escaramuzas de nosotros los españoles, que siempre terminan en suplicio y matanza de indios.

Hincado ante las cruces, Motolinía ruega:

-Perdónales, Dios. Te suplico que los perdones. De sobra sé que continúan adorando a sus ídolos sanguinarios, y que si antes tenían cien dioses, contigo tienen ciento uno. Ellos no saben distinguir la hostia de un grano de maíz. Pero si merecen el castigo de tu dura mano, También merecen la piedad de tu generoso corazón.

Después Motilinía se persigna, se sacude el hábito y emprende, cuesta abajo, el regreso.

Poco antes del avemaría, llega al convento. A solas en su celda, se tiene en la estera y lentamente come una tortilla.

Eduardo Galeano Memoria del fuego, Los nacimientos, España, Siglo XXI Editores, 2005.

La fuente que el autor a utilizado:

Davies, Nigel, Los aztecas, Barcelona, Destino, 1977.
Valle-Arizpe, Artemio de, Historia de la ciudad de México según los relatos de sus cronistas, México, Jus, 1977.

El trono de latón

1535, Cuzco.

En las rodillas del rey chiquito, el rey vasallo de otro rey, no yace el cetro de oro, sino un palo brilloso de vidrios de colores. Manco Inca luce en la cabeza la borla escarlatada, pero el triple collar de oro le falta del pecho, donde no brilla el sol, y de sus orejas no cuelgan los discos resplandecientes. El hermano y enemigo y heredero de Atahualpa no lleva a la espalda el manto de hilos de oro y plata y lana de vicuña. De las banderas, que el viento golpea, han desaparecido los halcones para dejar paso a las águilas del emperador de Europa.

Nadie se arrodilla a los pies del Inca coronado por Pizarro.

Eduardo Galeano Memoria del fuego, Los nacimientos, España, Siglo XXI Editores, 2005.

La fuente que el autor a utilizado:

Cossío del Pomar, Felipe, El mundo de los incas, México, FCE, 1975.

jueves 20 de noviembre de 2008

La inflación

1534, Riobamba.

Cuando llegaron a Santo Domingo las noticias del oro de Atahualpa, todo el mundo buscó barco. Alonso Hernández, repartidor de indios, fue de los primeros en salir corriendo. Se embarcó en Panamá y al llegar a Tumbes compró un caballo. El caballo costaba en Tumbes siete veces más que en Panamá y treinta veces más que en Santo Domingo.

El paso de la cordillera ha dejado a Hernández de a pie. Para siguir viaje hacia Quito, compra otro caballo. Lo paga noventa veces más caro que en Santo domingo. Compra también, por trescientos cincuenta pesos, un esclavo negro. En Riobamba, un caballo cuesta ocho veces más que un hombre.

Todo se vende en este reino, hasta las banderas enchastradas de barro y sangre, y todo se cotiza por las nubes. Se cobra una barra de oro por dos hojas de papel.

Los mercaderes, recién llegados, derrotan a los conquistadores sin desenvainar la espada.

Eduardo Galeano Memoria del fuego, Los nacimientos, España, Siglo XXI Editores, 2005.

La fuente que el autor a utilizado:

Gómara Francisco López de, Primera y segunda parte de la Historia General de las Indias, BAE, tomo XXII, Madrid, M. Rivadeneyra, 1863.

Oviedo y Valdés, Gonzalo Fernández de, Historia general y natural de las Indias, Madrid, Real Academia de la Historia, 1851.

Quintana, Manuel J., Los conquistadores, Buenos Aires, Suma, 1945.

El tesoro de los incas

1533, Sevilla.

De la primera de las naves, se vuelcan el oro y la plata sobre los muelles de Sevilla.

Los bueyes arrastran las tinajas repletas hacia la Casa de Contratación.

Murmullos de estupor ascienden desde el gentío que asiste al desembarco. Se habla de misterios y del monarca vencido más allá de la mar.

Dos hombres, dos uvas, salen abrazados de la taberna que da a los muelles. Se meten en la muchedumbre y pregunta, a los gritos, que dónde está el notario. Ellos no celebran el tesoro de los incas. Están roizos y resplandecientes por la jornada de buen vino y por que han hecho un pacto de mucha fraternidad. Han resuelto cambiarse las mujeres, tú la mia, que es una alhaja, y yo la tuya, aunque no valga nada, y buscan al notario para documentar el acuerdo.

Ellos no hacen caso del oro y la plata del Perú; y la gente, deslumbrada, no hace caso del náufrago que ha llegado junto al tesoro. El navío, atraído por la fogata, ha rescatado al náufrago en una islita del Caribe. Se llama Pedro Serrano y hace nueve años se había salvado nadando. Usa ahora el cabello de asiento y la barba de delantal tiene la piel de cuero y no ha cesado de hablar desde que lo subieron a bordo. Sigue contando su historia, ahora, en medio del alboroto. Nadie lo escucha.

Eduardo Galeano Memoria del fuego, Los nacimientos, España, Siglo XXI Editores, 2005.

La fuente que el autor a utilizado:

Carande, Ramón, Carlos V y sus banqueros, Brcelona, Crítica, 1977.

Garcilaso de la Vega, Inca, Comentarios reales de los incas, Madrid, BAR, 1960.

domingo 16 de noviembre de 2008

El Secreto

1533, Xaquixaguana.



Pizarro marcha rumbo al Cuzco. Encabeza, ahora, un gran ejército. Manco Cápac, nuevo rey de los incas, ha sumado miles de indios al puñado de conuistadores.



Pero los generales de Atahualpa hostigan el avance. En el valle de Xaquixaguana, Pizarro atrapa a un mensajero de sus enemigos.



El fuego lame las plantas de los pies del preso.



-¿Qué dice ese mensaje?



El chasqui es hombre curtido en trotes de nunca acabar a través de los vientos helados de la puna y los ardores del desierto. El ofico lo tienen acostumbrado al dolor y a la fatiga. Aúlla, pero calla.



Después de muy largo tormento, suelta la lengua.



-Que los caballos no podrán subir las montañas.

-¿Qué más?

-Que no hau que tener miedo. Que los caballos espantan pero no hacen mal.

-¿Y que más?



Lo hacen pisar el fuego.



-¿Y que más?



Ha perdido los pies. Antes de perder la vida, dice:



-Que ustedes también mueren.

Eduardo Galeano Memoria del fuego, Los nacimientos, España, Siglo XXI Editores, 2005.

La fuente que el autor a utilizado:

Gómara, Francisco López de, Primera y segunda parte de la Historia General de las Indias, BAE, tomo XXII, Madrid, M. Rivadeneyra, 1863.

Quintana, Manuel J., Vida de Francisco Pizarro, Madrid, Espasa-Calpe, 1959.